Tuesday, September 11, 2012

Foto 1


La foto es polaroid, de las antiguas,  quizás por eso el exagerado tecnicolor que le da un tono particular. Resaltan el calipso de la polera de mi madre y el rojo  del viejito pascuero. En ella aparte de mi mamá, aparecemos mi papá, mi hermano y yo. Es Diciembre de 1975. Yo tengo dos años y medio, mi hermano un año y medio, mi mamá 23 y mi papá 32. El día que nos tomamos esa foto tiene en mi memoria un olor particular. Mis papás aún estaban juntos y nuestras hermanas aún no nacían, sólo éramos mi hermano menor y yo, el departamento en que vivíamos era pequeño pero acogedor, entre dos sillones de cuerina roja estaba instalado un enorme armatoste de madera, al que en ese tiempo llamábamos tele, y junto a la ventana de nuestro dormitorio estaba la máquina de coser, también de  madera dónde me subían para vestirme.  Yo era fanático de la pantera rosa y aunque en realidad en nuestra tele era la pantera gris, para mí era lo mejor. Si se fijan bien en la foto, ella está justo en mi pecho, ese día yo estrenaba la polera recién comprada. El olor del estampado, de la ropa nueva, de los dulces que llevábamos al picnic donde encontraríamos al viejo pascuero y llevar puesto el cinturón de cuero labrado de mi papá, me hacían sentir feliz.  Era todo un hippie. No recuerdo mucho, ninguna anécdota en particular, sólo que esperábamos a Santa Claus en un parque todo verde rodeado de álamos y que durante años pensé que él había llegado en helicóptero, lo que ahora pienso, es bastante improbable. Siempre supe que era un señor disfrazado y me producía cierta antipatía que me quisieran pasar gato por liebre, pero no dije nada al respecto, recibí de sus manos un camión de madera dónde yo cabía tres veces y me olvidé de todo, daba lo mismo el impostor, nunca más solté el camión pintado de rojo, amarillo y azul brillantes, y el olor de esa pintura se sumó a los otros de ese día, dejando una huella que los años han vuelto imprecisa, inasible y que sólo a veces rozo en la superficie de un aroma que pasa en una fracción de segundo pero que ya nunca alcanzo a atrapar.

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